Campeón de la IX Liga Andaluza de Fotografía: seis meses de fotos, nervios y una alegría enorme

12 julio 2026 - Noticias - Comentar -

No os voy a engañar: cuando envié la primera fotografía de la IX Liga Andaluza de Fotografía, ganar no entraba en mis planes.

Pablo Barrena | Fotografía de fauna y flora desde Cádiz al mundo - ix-liga-faf-ts20260712091842456915.jpg

Participar, sí. Revisar el archivo cada mes, dudar entre varias imágenes y picarme un poco con la clasificación, también. Pero terminar primero después de seis meses de competición… ni de lejos.

La Liga, organizada por la Federación Andaluza de Fotografía, tenía un formato tan sencillo de explicar como complicado de afrontar: una convocatoria mensual de tema libre y una única fotografía por participante. Sin una segunda imagen que pudiera arreglar una mala elección y sin posibilidad de compensar fácilmente un mes flojo.

En mi caso, las seis fotografías presentadas fueron de fauna. Podría haber buscado variedad recurriendo a otros tipos de fotografía, pero preferí competir desde el terreno en el que realmente me reconozco.

Cuando la clasificación empezó a ponerse seria

Comencé con 21 puntos. Un resultado correcto, pero desde luego no de esos que hacen que uno empiece a despejar una estantería para colocar una medalla.

Después fueron llegando mejores puntuaciones y, casi sin darme cuenta, empecé a verme cada vez más arriba. En las últimas convocatorias conseguí mantenerme en primera posición y ahí cambió bastante la forma de vivir la Liga.

El problema de ponerse líder es que uno deja de mirar la clasificación por simple curiosidad y empieza a consultarla como si tuviera allí invertidos todos sus ahorros.

Hasta ese momento había participado con bastante tranquilidad. A partir de ahí aparecieron las dudas: si habría elegido bien la siguiente fotografía, si los rivales recortarían la diferencia o si iba a perder en el último momento una primera posición que al comenzar ni siquiera me había planteado alcanzar.

Y tampoco estaba compitiendo precisamente contra cualquiera. Jorge Ruiz Dueso, que terminó segundo a solo tres puntos, fue Premio Nacional de Fotografía de la CEF en 2021. Tener detrás a un fotógrafo con ese currículum no era precisamente la mejor receta para relajarse.

La espera de la última puntuación

Llegué a la convocatoria final todavía en primera posición, pero con la sensación de que podía perderlo todo en el último paso. Después de cinco meses arriba, quedarse a las puertas habría dolido bastante más que no haber llegado nunca hasta allí.

La fotografía estaba enviada y ya no podía hacer nada. Solo quedaba esperar.

Y esperé con bastantes más nervios de los que me gustaría reconocer.

Cuando finalmente apareció la puntuación y vi aquellos 26 puntos, empecé a hacer las cuentas varias veces, por si acaso las matemáticas habían decidido jugármela. El resultado definitivo fue de 141 puntos y la primera posición en la clasificación general, con tres puntos de ventaja sobre Jorge.

Después de seis meses mirando puntuaciones, sumando resultados y pensando que podía escaparse en cualquier momento, la sensación fue una mezcla enorme de alegría y alivio.

Los concursos son una consecuencia, no el objetivo

Esta victoria me hace muchísima ilusión, pero también quiero dejar clara una idea que repito a menudo: para mí, concursar nunca es el fin, sino simplemente una consecuencia.

El día que salga al campo pensando en hacer una fotografía para ganar un concurso, probablemente me estaré equivocando.

Lo que realmente disfruto es estar allí fuera: observar, esperar, aprender sobre el comportamiento de los animales, buscar una luz determinada y vivir todo lo que sucede antes de apretar el disparador. Incluso esas jornadas en las que regreso sin una sola fotografía que merezca la pena forman parte de la experiencia.

Las fotografías nacen en el campo. Los concursos llegan mucho después, cuando uno revisa el archivo y descubre que alguna imagen puede tener recorrido. Son una forma de poner el trabajo a prueba, de aprender y, de vez en cuando, de llevarse una alegría como esta. Pero nunca deberían convertirse en la razón principal para salir con la cámara.

Al menos, no en mi caso.

Nos vemos en Priego de Córdoba

El premio lo recogeré en marzo de 2027 durante la gala del Congreso de la Federación Andaluza de Fotografía, que se celebrará en Priego de Córdoba. Allí recibiré la medalla de oro de la FAF y el equipo Fujifilm con el que está dotada la victoria.

Será el cierre definitivo de una competición que comenzó con muy pocas expectativas y que terminó proporcionándome bastantes más nervios —y una alegría mucho mayor— de lo que había imaginado.

Además, espero que no sea la única vez que suba al escenario durante la gala. Este año se celebra también la I Copa Andaluza de Asociaciones Fotográficas, en la que participaremos desde AGAFONA. Como presidente, espero tener el enorme placer de, una vez más, representarla en un momento tan memorable.

Poder celebrar allí este resultado individual y, ojalá, algún reconocimiento colectivo sería la mejor forma de completar el viaje.

Mientras llega marzo, toca volver a lo verdaderamente importante: salir al campo, observar, disfrutar y seguir haciendo fotografías sin pensar demasiado en jueces, puntuaciones ni medallas.

Que, curiosamente, suele ser la mejor manera de crear las imágenes que después terminan llegando a alguna parte.

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